Fanfic DB:Inverso

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werty
Supersaiyano
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Fanfic DB:Inverso

Mensaje por werty » 17 Mar 2016, 21:30

1
Su padre, el profesor Trewo, estaba arreglando la nave espacial en la que había estado trabajando desde antes de que él naciese mientras Chin, su hermano pequeño, jugaba a que era un inventor. El andaba hacia ellos pero no era capaz de alcanzarlos y cuanto más lo intentaba su familia se alejaba más y más...
Un golpe en la cara lo sacó de la inconsciencia de manera repentina.
-Ya era hora de que te despertases.
El propietario de la voz, era un hombre mayor de pelo gris y puntiagudo que tenía los ojos tapados por una venda, algo sucia, que se complementa con las ropas viejas y gastadas que llevaba. Se apoyaba en un bastón de madera rudimentario el cual seguramente utilizaba para guiarse pero lo más llamativo sin duda de aquel viejo era el hecho de que tenía una cola.
-Que… ¿Que pasa? ¿Donde estoy? ¿Quién es usted?
-Las preguntas aquí las hago yo microbio.- dijo el viejo de manera cortante- Está claro que no eres de aquí, la pregunta es ¿Por que vendrías aquí?
-Estaba vagando sin rumbo por el espacio y no se como la nave acabó tomando la dirección de este planeta.
-Así que vagando por el espacio, interesante ¿De donde vienes?
-De la Tierra y me llamo Brun T…
-No te pregunte tu nombre-le cortó el viejo bruscamente-Así que la Tierra ¿eh? no me suena debe de estar lejos. En todo caso no importa, ahora estás aquí y eso es suficiente puedes descansar un poco más, de momento.
-Gr-Gracias señor- respondió Brun algo atemorizado- le prometo que me iré pronto.
-¿Irte?-soltó una carcajada- No, no... Deja que te explique la situación, te encuentras en el planeta Vegeta, y nosotros los sayanos somos un pueblo de guerreros que cogemos aquello que queremos. Tú te has estrellado en nuestro planeta y yo te he encontrado por lo tanto según nuestra ley me perteneces así que recupérate pronto porque a partir de ahora vas a ser mi criado. ¡Ah! y por si se te ocurre escapar te informo de que si sales de esta casa morirás. No se que gravedad tendrá tu planeta pero a juzgar por lo difícil que te estaba siendo respirar cuando te encontré no podrás resistir la gravedad de aquí, si aun estas vivo es por eso de allí- señaló a un aparato de había en un rincón- Eso es un regulador de gravedad, por lo general lo tengo a la mitad de la gravedad, me resulta más fácil moverme a mi edad así, pero tuve que bajarlo a más de la mitad de eso para que pudieras respirar con normalidad. Pero tranquilo, acabarás acostumbrándote a la presión de aquí-esbozo una sonrisa maliciosa- me ocuparé de ello, no me sirves de mucho si no puedes salir de esta casa.
Así empezó el calvario de Brun, el viejo lo tenía casi todo el día ocupado haciendo tareas de la casa y entrenando, para que pudiese acostumbrarse a la gravedad del planeta y cada vez que se quejaba o que no hacía lo que le ordenaba recibía un puñetazo y por desgracia, aparte de tener muy buena puntería para estar ciego, el viejo tenía una fuerza bestial. Con frecuencia perdía el conocimiento debido al puñetazo.
-No se como una raza tan débil puede seguir existiendo, desmayarse por tan poca cosa- era una de las puyas que le lanzaba cada vez que despertaba después de uno de sus golpes.
Así pasó el tiempo, entre trabajos, palizas y entrenamiento, que a menudo requería más palizas. Durante ese tiempo descubrió que el viejo, de nombre Nonion era, un viejo guerrero que se había quedado ciego después de una batalla en uno de los planetas a los que había ido a robar. Desde entonces vivía como un paria. En una sociedad de guerreros como aquella un ciego no era bien visto. Al parecer la sociedad sayana era gobernada por una monarquía y se dividía en dos estratos sociales en base a su fuerza los de clase alta y los de clase baja. También supo que los sayanos eran un pueblo pequeño que se concentraba en una única ciudad, Velure, y que la casa de Nonion se encontraba en la periferia de dicha ciudad debido a su condición.

2
Habían pasado 4 meses desde que Brun había llegado al planeta Vegeta y debido a su durísima estancia como criado del viejo Nonion había conseguido llegar a tolerar la gravedad del planeta a pesar de que todavía le costaba moverse con rapidez y se cansaba muy pronto, aun así Nonion lo obligó a ir con él a la ciudad por primera vez.
Se estaban acercando cuando Brun distinguió algo volando por encima de las casas.
-¿¡Es una persona!?-Exclamó sorprendido
-¿De qué hablas?-Contestó el viejo
-Hay una persona volando- Dijo sin poder creérselo
-¿Y?
-¡La gente no vuela!-sentenció.
- Pff tu raza es realmente inútil. Ya lo sospechaba pero esto lo confirma, parece que no tenéis ni idea de controlar la energía.
-¿Que energía?
-Esta- Estiró el brazo y de su mano salió un haz de luz que se estrelló a varios metros de distancia formando un agujero en el suelo.
Brun se quedó con la boca abierta y los ojos como platos.
-Tendré que contarte mas sobre esto, no quiero que me dejes aun más en ridículo, cuando vengas solo a la ciudad a hacer recados. Y recuerda,- dijo endureciendo el tono de su voz- no quiero que hables con nadie ni digas nada mientras estamos en la ciudad.-Brun simplemente asintió.
Cuando por fin llegaron a lo que parecía el centro de la ciudad Brun ya estaba sin fuerzas para continuar y empapado en sudor. Pero se abstuvo de decir nada sabiendo la reacción del viejo.
A ojos de Brun, Velure parecía más un pueblo que una ciudad ya que las casas, no tenían más de dos pisos de altura y muchas de ellas ni siquiera tenían puertas, además no había calles asfaltadas o aceras siendo todo el suelo de tierra. Por lo que supuso, sabiendo que podían viajar entre planetas, que para los sayanos todo aquello debía de carecer de importancia, mientras tuviesen lo básico para vivir se conforman, dedicando todo su interés a la lucha.
Llegaron hasta lo que parecía un mercado y Nonion se dirigió hacia uno de los establecimientos.
-Vaya pero si es el viejo Nonion, aún te resistes a morir ¿eh?- dijo una voz a sus espaldas.
Brun se dio la vuelta al instante y se encontró con un hombre, alto y fuerte que tenía una mirada de superioridad.
-Muévete chico- le dijo Nonion que seguía caminando como si no hubiese escuchado nada.
-Haciendo que no me oyes ¿no?-apareció de repente cortándoles el paso y dejando a Brun con la boca abierta-Tienes mucho orgullo para ser un ciego inútil
-Apártate- le espetó Nonion al individuo.
-Voy a enseñarte cuál es tu lugar viejo y si suplicas es posible que te deje vivo aunque todos me agradecerían si librase a nuestro pueblo de una carga como…- De repente el hombre dejó de hablar y se dobló por la mitad agarrándose el estómago cayendo al suelo entre aspavientos.- Mal… di... to.
-Vamos- dijo Nonion
Brun lo siguió sin saber qué acababa de pasar el extraño se había derrumbado de repente como si le hubiesen pegado un puñetazo pero Nonion no se había movido o ¿si? El individuo aquel había pasado de estar detrás de ellos ponerse delante en un segundo sin que lo viese. Todo aquello era muy extraño.
Así que, dejaron atrás al hombre aquel tirado en el suelo como si fuese lo más normal del mundo, y Brun no pudo dejar de pensar que en aquel mundo sí que lo era, y llegaron al puesto al que se dirigían antes de ser interrumpidos.
-Buenos días, qué desea- dijo la que debía de ser la dueña de la tienda.
-Quero algo de carne y si tienes unas semillas- respondió el viejo.
-Estás de suerte, ayer vino una partida y trajeron semillas, claro que los muy incompetentes no supieron decirme de que eran.- Respondió la señora.
-Esta bien las comprobare.
-De acuerdo, son 23 monedas.
Nonion depositó en las manos de la señora unas cuantas monedas que a juzgar por su apariencia eran de diferente valor y procedencia.
-Coge las cosas- le dijo a Brun
Este se acerco a donde estaba la señora y cargó como pudo con los paquetes que a pesar de ser pocos le pesaban como si cargara con un saco de patatas.
-Vaya Nonion, que tenemos aquí,- dijo la vendedora fijándose por primera vez en Brun- a juzgar por tu pelo y la ausencia de cola no eres un sayano ¿Qué eres?
-Mi criado. Vamos- respondió el viejo ya desde la puerta.
-Menuda suerte que has tenido Nonion, ya me gustaría a mi tener uno.-lo dijo mientras le echaba una mirada a Brun como quien ve un ordenador de última generación.
Cuando llegaron de vuelta a casa Brun se derrumbó en el suelo en cuanto dejó la comida a buen recaudo, sudando como nunca y apunto de desmayarse de cansancio.
-Levanta chaval, tienes trabaja.
-No puedo más.
La mano de Nonion le agarró del cuello y lo levantó dejándolo suspendido en el aire.
-Si te digo que hagas algo lo haces, ¿Entendido gusano?
Lo lanzó contra la pared con suma facilidad haciendo que Brun se cayese al suelo después de impactar contra esta.
-Ahora ve fuera y empieza a cavar la explanada que hay detrás.
-¿Con que si no tienes una pala?
-Con tus manos.
-¡Estas loco no…!
El puñetazo lo dejó sin aire completamente e hizo que las piernas le fallaran cayendo de nuevo al suelo con lágrimas en los ojos.
-No aprendes ¿verdad? ahora levántate y ve a arar.
Brun consiguió ponerse de pie y tambaleándose salió de la casa.
El viejo lo tenía harto con tantos golpes y tantas tareas pero lo peor era que sabía que no podía hacer nada, no podía escapar, pues lo acabaría encontrando y aunque no fuese así ¿Qué iba a hacer? Era un extraño en aquel planeta donde imperaba la ley del más fuerte y por lo que había visto, los sayanos eran capaces de moverse muy rápido, podían volar, lanzaban rayos de luz y por supuesto eran extremadamente fuertes. En comparación el era solo una hoja de papel que podía romperse con suma facilidad. Si quería sobrevivir tendría que ser listo y cauteloso y desde luego volverse más fuerte para por lo menos no morir de un solo golpe y eso pasaba por adaptarse a la gravedad de aquel planeta que lo aplastaba cada día. Eso era lo que haría, adoptaría una actitud en apariencia dócil y se volvería en alguien fuerte, costase lo que costase, más fuerte de lo que era y más que el viejo, si era posible, y entonces podría tener alguna oportunidad de ser libre. Con esa motivación dándole nuevas fuerzas clavó los dedos en la dura tierra y empezó a cavar.

3
Desde entonces, Brun había adoptado un carácter sumiso y complaciente con el viejo, aunque por dentro siguiese albergando una ira intensa hacia él. Este cambio de actitud hizo que el número de golpes se redujese en gran medida golpe que el viejo comenzó a mandarlo solo a la ciudad con frecuencia. A esto se le unieron las labores de cultivar, tarea de la que ninguno de los dos tenía ni idea pero que para suerte de Brun, obtuvo unos resultados decentes.
El viejo le había explicado lo que era la energía. Al parecer se trataba de la fuerza que poseían todos los seres vivos y que mediante su control se podía volar o lanzar rayos y que solo era necesario concentrarse para poder liberarla. Desde entonces Brun lo practico todas las noches, volar le facilitaría mucho las cosas.
Un mes después de su primera visita a la ciudad por fin había conseguido adaptarse por completo a la gravedad de aquel planeta lo cual hacía más llevaderas sus labores diarias, ahora tenía que volverse más fuerte y aunque él no lo supiese, los continuos trabajos que llenaban sus días lo habían fortalecido mucho más de lo que imaginaba.
Un día, mientras volvía del arroyo que había en las inmediaciones de la casa, cargando con dos cubos de agua, para regar el cultivo vio a unos niños cerca de la casa del viejo, en cuanto lo vieron fueron hacia el. Brun calculo que no serían mayores que su hermano Chin, de 7 años, a juzgar por su altura.
-¿Eres el extraterrestre?-preguntó uno de ellos.
-Por su puesto que lo es, no ves que no tiene cola y mira su pelo, no es negro.- Dijo otro niño.
-Menudo debilucho-Brun dirijo su mirada a la fuente de aquella voz y vio a una niña que estaba un poco alejada del grupo, ella le devolvió la mirada de forma retadora.
-Si, parece que ya no eres la más débil de este planeta Caliora.- dijo el niño que había hablado antes mientras le dirigía una sonrisa cargada de superioridad a la niña.
El resto de niños se rieron, y Brun vio como la niña se ponía roja mientras fulminaba al niño con la mirada.
-Cállate Parso, si no quieres que te cierre la boca.
-Me gustaría ver eso, venga inténtalo eres una debilucha inútil, seguro que incluso este- señaló a Brun como quien señala un objeto de escaso valor-podría ganarte. Pero claro que se puede esperar de alguien que viene de una familia de vendedores.
La niña se lanzó contra él como un animal salvaje. El niño ni siquiera se movió y de forma tremendamente fácil le propinó un puñetazo que la lanzó varios metros hacia atrás quedándose tirada en el suelo.
Para Brun todo ocurrió tan rápido que le costó saber lo que había pasado pero cuando fue consciente reacciono sin pensar.
-Parad ya ¿Qué estáis haciendo?
-Enseñarle cuál es su lugar, los débiles tienen que respetar a los que son fuertes, igual que tu criado- dijo el niño con una mirada como la de un lobo al ver un cordero.
Durante un segundo Brun creyó que aquel niño iba a atacar y a juzgar por cómo había despachado a la niña sabía que no tendría ninguna oportunidad, lo que le ocasionó una rabia inusual, estaba más o menos acostumbrado a que el viejo le pegase, pero que lo hiciese un niño al que sacaba más de una cabeza de altura era algo que su orgullo se resistía a tolerar.
-Parso, está anocheciendo- dijo uno de los niños, rompiendo el extraño silencio que se había ocasionado de repente-y hoy hay luna llena.
-Esta bien, vámonos- dedicó una última mirada a la niña que seguía tendida en el suelo y se fue con una sonrisa, seguido de los otros niños.
Brun dejo los cubos de agua y se acercó a la niña. Se llevó una sorpresa cuando vio que estaba na llorando.
-¿Estas bien? Tranquila ya se han ido- Dijo Brun tendiéndole la mano.
La niña lo miró con furia y le apartó la mano de un manotazo.
-¡Como te atreves a sentir pena por mí!- se levantó de inmediato y encaró a Brun.- ¡Aprende cual es tu lugar maldito insecto!
Brun consiguió bloquear el puñetazo que la niña le soltó, pero la fuerza del impacto lo arrastró hacia atrás, aún así mantuvo el equilibrio sin caerse.
Eso enfureció más Caliora que se lanzó contra él, soltando una patada que esta vez no pudo parar y recibió de lleno en la cara.
Era casi tan doloroso como cuando el viejo le pegaba pero aun así se mantuvo en pie.
Caliora continuó encadenado un golpe tras otro haciendo que Brun retrocediera sin poder hacer nada más que protegerte de los potentes impactos. Lo que parecía molestarla cada vez más.
-Gusano asqueroso, ¿Quién te crees que eres? soy una sayana y tu no eres nada, ¡Nada!-gritaba mientras continuaba su lluvia de ataques-¡Te matare!
Caliora concentro energía en su mano derecha y se la lanzó. Brun no estaba acostumbrado a ese tipo de ataques y sumado a la proximidad a la que estaba la niña hizo imposible cualquier maniobra de defensa. Recibió el ataque de pleno, el cual lo lanzó a varios metros de distancia dejándolo tendido en el suelo.
-¿Pensabas que podías con una sayana? Ese es tu sitio, en el suelo por debajo de mi, ¿Quien es el que siente lástima ahora?-Caliora hablaba mientras se dirigía a donde había caído Brun dispuesta a continuar la pelea a pesar de su cansancio.
Brun, tendido boca abajo en el suelo oía cómo se iba acercando, seguramente, para matarlo. Le dolía todo el cuerpo pero lo peor no era eso, sino el hecho de que un niño pudiese dejarlo en ese estado, llevaba meses escuchando al viejo decirle que era débil que en aquel planeta estaba en lo más bajo del escalafón social y no le había importado nada, al cuerno la sociedad sayana y sus reglas se podían ir todos al infierno. Pero ahora, allí tendido, apaleado y derrota por una niña a la debía doblar en edad, era realmente consciente de lo débil que en realidad y algo en lo más profundo de su ser se rebeló, encendiendo una reacción en cadena que le hacía recordar todo lo pasado esos meses.
Caliora ya había llegado hasta donde estaba Brun tendido, levantó la mano apuntándole.
-Esto es lo que pasa cuando te crees más que un sayano.
Brun se levantó de repente apartando el brazo con el que le estaba apuntando y con su otro brazo, y lanzado un grito de furia le propinó un puñetazo que impactó de lleno en la cara de la niña tirándola al suelo.
Si hubiese sido cualquier otra situación Brun hubiese quedado impresionado ante lo que acababa de hacer, pero en aquel momento lo único en lo que pensaba era en que quería golpear algo.
Durante un momento Caliora se tocó la cara sorprendida ante lo que acababa de pasar. Se levantó de inmediato con furia, justo en el momento en el que Brun lanzaba contra ella sin pensar.
Los puños salieron al mismo tiempo, pero fue el de Brun, más alto y por lo tanto con las extremidades más largas el que consiguió impactar completamente en la cara del contrario.
-¡Maldito, imbécil! ¡Cómo te atreves!- gritaba Caliora, mientras le daba una patada.
-¡Cállate!- Brun le agarró la pierna, después del golpe, antes de que pudiese retirarla y levantó a Caliora del suelo mientras daba una vuelta sobre sí mismo y la soltaba.
Caliora salió disparada, pero consiguió frenar en el aire quedando suspendida en medio de él.
-Te crees que puedes vencer a una sa…
Brun se había lanzado sobre ella en el mismo momento en el que ella se había detenido en el aire cayendo encima y haciendo que Caliora se golpeara contra el suelo quedando atrapada por el peso de Brun.
-¿¡Es que nunca os cansáis de escucharos!?¿¡Te piensas que sois los únicos con orgullo!?- Brun comenzó a lanzarle puñetazos a diestro y siniestro- Malditos egocéntricos.
Alguien agarró a Brum de la parte de atrás del cuello y lo lanzó por los aires como quien lanza una pelota.
-Basta- dijo la voz del viejo.
Brun no sabía cuándo había llegado hasta ellos, pero su tono de voz no aceptaba reproches.
-Tu niña- le dijo a Caliora-levántate y lárgate de aquí, sino me equivoco hoy habrá luna llena y no quiero que mi casa acabe aplastada.
Caliora se levantó, Brun se dio cuenta de lo mal que estaba, tenía la boca sangrando y muchas rozaduras por todo el cuerpo aparte respetaba con dificultad, aún así sus ganas de luchar seguían siendo las mismas.
-Callate viejo inútil, estoy en medio de una pelea, apártate.- le respondió de manera autoritaria.
-No me hagas reír niña, a eso no se le puede considerar una pelea de verdad, solo sois un par de críos jugando a las peleas. Así que largo, mocosa- Dijo Nonion cambiando totalmente el tono.- Si quieres jugar con mi criado puedes venir otro día cuando anochezca y haya acabado todas sus labores. Os vendrá bien a ambos.- y soltó una carcajada.
La niña apretó los dientes y levantó el vuelo dirección a la ciudad dedicándole una última mirada a Brun, de decía que aquello no había acabado.
-Deja de perder el tiempo chaval y riega de una vez el huerto que aún te queda arreglar el tejado, dentro de poco será la temporada de lluvias y no quiero que las goteras me vuelvan a inundar la casa.- y dicho eso dio media vuelta y se dirigió de vuelta a la casa.
Brun se quedo viendo cómo se alejaba hasta que de repente le asaltó una duda.
-¿Qué pasa con la luna llena? ¿Aparece algún monstruo?
El viejo se detuvo levantó la cabeza como si mirase cielo y dijo:
-Se podría decir que sí- y con la misma reanudó la marcha y Brun, con más dudas que antes, supo que estaba sonriendo.
Cuando volvió a por los cubos de agua y vio su reflejo en ella comprobó como tenía un ojo hinchado y varios rasguños, aparte su ropa estaba rota en varios sitios y al inspeccionarse el cuerpo se percató que tenía varias zonas doloridas, zonas que hasta ese momento ni siquiera había notado dañadas, entre el furor de la pelea y el ataque de adrenalina no se había dado cuenta pero ahora se iba percatando cada vez más del daño que había sufrido y de lo cansado que estaba.
Esa noche, mientras arreglaba como podía el tejado e intentaba no quedarse dormido en el proceso repasó los acontecimientos del día.
Sin proponérselo había iniciado una pelea la cual, casi había ganado, eso le produjo cierta satisfacción aunque fuese contra una niña pequeña. Pero el problema era, y en eso estaba casi seguro, que se había hecho un enemigo y eso era lo último que necesitaba. Lo cual hacía más urgente el aprender a utilizar la energía ya que sino estaría en desventaja la próxima vez que Caliora, volviese y estaba seguro de que volvería. A parte esa lucha le había enseñado dos cosas, una era que sin darse cuenta se había vuelto más fuerte de lo que creía y la otra era, que no era lo suficientemente fuerte, ese otro niño, que tendría la misma edad que Caliora la había vencido de un solo golpe mientras que él había sudado lo suyo solo para poder estar al mismo nivel que ella. Por lo tanto debía volverse más fuerte y cuanto antes. Para lo cual debía aprovechar los pocos momentos que tenía libres, cuando el viejo se iba a dormir y lo dejaba salir de la casa con total libertad.
Al principio aprovechaba para dormir, después de un duro día de trabajo estaba demasiado cansado y no toleraba la gravedad lo suficiente como para salir pero últimamente, había notaba que aún tenía fuerzas para seguir y además el viejo se iba realmente pronto a cama y se levantaba tarde así que Brun tenía un tiempo extra al final del día para dedicarse a lo que quisiese, así que aprovechaba para salir a explorar la zona, llego a encontrar partes de su nave pero no eran suficientes como para reconstruirla, y aunque lo fuesen no sabía cómo hacerlo.
Era pues el momento perfecto para entrenar y así se lo marcó, a partir de ese día iba a entrenar todas las noches sin descanso hasta ser tan fuerte como fuese necesario para escapar de allí. Pero aquella noche dormiría todo lo que pudiese para recuperar fuerzas.

4
Bresa y Pratus eran lo que los sayanos llamaban Kusarimasis, sayanos que no tenían instinto de pelea, en su caso además eran débiles y sus cuerpos que no estaban preparados para la batalla, pues mientras Bresa era regordeta y de extremidades cortas, Pratus era muy delgado y larguirucho. Fue esto, que los diferenciaba tanto, lo que hizo que acabaran juntos. De esa unión nacieron dos hijas Zharda y Caliora.
Caliora a diferencia de su hermana mayor no era una Kusarimasi pero como el resto de su familia tenía un poder muy bajo.
Para alguien con el instinto de lucha, de Caliora ese nivel de poder suponía una continua traba en su objetivo de ser elegida como miembro por alguna de las partidas de saqueo. También era el origen de una larga lista de humillaciones y desprecios por parte de los demás guerreros, principalmente de los de su edad. Esto hacía que su temperamento, ya de por sí impulsivo, se acentuase estando siempre dispuesta a medirse con cualquiera con tal de demostrarles que no era débil aunque al final siempre perdiese. Esto hacía que su fama de debilucha creciera hasta ser considerada por muchos como la sayana más débil del planeta.
Pero aquel día, su orgullo había sufrido más que nunca en sus 12 años de vida. El criado del viejo Nonion, aquel maldito insecto, que ni siquiera era un sayano, la había golpeado, peor aún, había conseguido retenerla en el suelo sin que ella pudiese hacer nada más que recibir sus golpes. Que le hubiese tenido lastima cuando Parso la había vencido había sido un golpe muy duro para ella, pero que se atreviera a luchar en igualdad de condiciones contra ella y que incluso hubiese osado a creerse mejor que ella era inadmisible. Iba a machacar a aquel gusano y una vez lo hubiese hecho iba a seguir con Parso y el resto de su grupo, demostraría a todo el mundo que era una auténtica guerrera sayana.
Desde aquel día Caliora, se marcó como su objetivo principal hacerle pagar a Brun el ataque que había sufrido su orgullo guerrero. Lo que ella no sabía era que Brun había comenzado a entrenarse concienzudamente para alcanzar su propio objetivo, ser libre.

5

Había transcurrido un año desde que Brun despertara en casa del viejo Nonion y se hubiese convertido de inmediato en su criado. Desde entonces su vida había cambiado de forma radical, aunque al principio parecía imposible, había conseguido sobrevivir y adaptarse a aquella situación, podía vivir perfectamente bajo la gravedad que antes lo aplastaba y que ahora toleraba incluso mejor que la de la Tierra, gracias en parte al continuo entrenamiento que llevaba seis meses haciendo y a las labores que tenía que hacer como criado del viejo sayano.
Por pura suerte había conseguido producir una cosecha lo suficientemente buena como para que el viejo hubiese decidido vender parte de ella, lo cual le había proporcionado unos beneficios extra que lo habían puesto de buen humor.
Existía otro factor para el buen estado físico de Brun, las constantes peleas.
Desde que conoció a Caliora, esta había vuelto por casa del viejo de manera regular dispuesta a derrotarlo. En un principio Brun intentó razonar con ella pero al final vio que la única manera de que se fuese era peleando. Las peleas eran siempre al anochecer, después de que él acabara todas sus tareas. Estas continuas peleas, aunque él no lo sabían, habían servido para reforzar su entrenamiento, además para su sorpresa no había perdido ninguna aunque tampoco ganaba nunca. Ambos parecían mantenerse en un continuo empate. Esto animaba a Brun a seguir entrenar con más ahínco y a crear nuevos métodos de entrenamiento que le pudiesen ayudar a aprovechar sus tareas para seguir entrenando, como el de cargar con una bolsa llena de piedras o el de hacer sentadillas cada vez que llevaba el agua para regar, mientras que para Caliora, que consideraba el no ganar una constante humillación, servía de aliciente para esforzarse más la próxima vez que lucharán dando siempre un poco más que la última vez. Uno no queriendo perder y la otra queriendo ganar, iban poco a poco y sin saberlo haciéndose más fuertes superando sus límites, con perseverancia y esfuerzo.
-Esta vez, voy a barrer el suelo contigo, imbécil-dijo Caliora preparada para empezar otra de sus peleas y que como siempre, estaba segura de que esa vez iba a ser la definitiva.
-Si se trata de barrer seguro que soy mejor- soltó Brun sonriendo, últimamente optaba por hacerla enfadar, sabía que caía fácilmente en las provocaciones y eso le beneficiaba.
-Maldito gusano- Caliora saltó ante la provocación como un gato al ver un ratón.
Brun consiguió desviar el golpe y contraatacar, pero Caliora lo esquivó. La pelea continuó durante dos horas sin que ninguno de los dos consiguiera imponerse sobre el otro, como siempre.
-Diría que es otro empate el trigésimo cuarto, si no me equivoco- dijo el viejo haciendo que ambos luchadores se sorprendiesen.
-Aún no hemos acabado- respondió Caliora, en tono de protesta.
-No cambiará nada, seguís estando muy igualados.
-Y tú que sabes si estás ciego- dijo la niña con tono insolente.
El viejo apareció de repente delante de ella
-Porque yo, a diferencia de vosotros, soy un guerrero de verdad y podría venceros a ambos ciego y con una sola mano.
-¡Probémoslo!
Caliora le lanzó una patada que no llegó a tocar el viejo, pues este había retrocedido.
-Predecible. Muy predecible.- en un segundo el viejo se había vuelto a colocar delante de Caliora y la agarraba por la ropa levantándola en el aire y lanzándola en la dirección de Brun.
-Despierta muchacho.
Brun, que se había quedado parado mirando sin saber que hacer reaccionó al instante cuando vio que Caliola venía hacia él y se preparó para agarrarla. Por desgracia la velocidad era tanta que hizo que el también saliera despedido hacia atrás cayendo de espaldas en el suelo un par de metros después.
-Te estoy dando una oportunidad única de poder desahogarte, o es que los de tu raza no tenéis ni siquiera una pizca de orgullo para poder revelaros contra los que os someten.-gritó Nonion.
-No necesito tu ayuda, para vencer a ese viejo- dijo Caliora mientras se levantaba y volvía a la pelea, casi con la misma velocidad con la que había salido.
Brun se levantó y se dirigió con paso tranquilo hacia la pelea. Sabía que el viejo lo provocaba deliberadamente para que atacara sin pensar ¡Qué narices! Tenía razón era un momento perfecto para darle al menos un puñetazo y la simple posibilidad de ello lo hacía sentirse a rebosar de fuerzas. Así que cuando Caliora fue rechazada de nuevo, atacó.
-Así que estás aquí ¿eh? Te lo has tomado con calma, chaval. ¿Tenías miedo? supongo que es normal después de tantos golpes.- se rio a gusto al tiempo que eludía todos los golpes que le mandaba. Brun notó como la ira burbujeaba dentro de él, tuvo que hacer un gran esfuerzo para calmarse mientras esquivaba un puñetazo.
-¡Haber si esto te hace gracia también!
Caliora estaba encima de ellos apuntando con sus manos contra ellos. Un resplandor de luz salió de ellas justo en el momento en el que Brun saltaban todo lo lejos que podía para esquivarlo.
La explosión fue lo suficientemente fuerte como para crear un cráter con un diámetro de dos metros.
-¿¡Estas loca!? ¡Casi me das a mi!- dijo Brun
- Dos pájaros de un tiro-le respondió ella jadeando.
-Se supone que somos un equipo.
-¿¡Un equipo contigo!?Jamás, sería…
-¡¡Cuidado!!
Pero ya era tarde, el viejo había aparecido encima de Caliora y un segundo después la golpeó en la cabeza haciendo que se estampase contra el suelo. No se volvió a mover.
-Tranquilo, solo esta inconsciente. Por muy testaruda que sea no puedo matarla, sus padres son buena gente. Basta de cháchara.
Apareció junto a Brun y este a duras penas consiguió esquivar el puñetazo.
-Eres casi tan fuerte como ella, pero te mueves mejor y no te dejas llevar por tus instintos. Claro que posiblemente tampoco tengas.
El puño de Brun salió en dirección a la cara del viejo pero solo golpeo aire.
Nonion apareció detrás y le propinó un codazo que lo mandó disparado varios metros.
-Parece que tienes algo de sangre en las venas. Pero no te confundas muchacho, ni aunque fueses diez veces más fuerte podrías ganarme.
-De momento, me conformo con golpearte.- y asestó un puñetazo que una vez más no golpeo nada.
-Ni para eso tienes fuerza. Chaval, estoy a un nivel al que tú no podrás llegar nunca, sigue jugando con tu amiga. Será la única a la que tal vez un día puedas vencer de este planeta.-El puño del viejo impacto en el estómago de Brun dejándolo sin aire- No puedes superar a un sayano.- Brun cayó al suelo sin conocimiento.

6

-¡Levanta!
Brun se despertó y se frotó la cara.
-La patada sobraba- dijo mirándola
-Deja de quejarte- Caliora se encontraba enfrente de él y a juzgar por su apariencia debía de encontrarse tan mal como él.
Brun se incorporó y se quedó sentado en el suelo.
-¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?
-Y yo que sé, acabo de despertar hace un momento- respondió la niña con su típico humor después de acabar una pelea que no había ganado- Me voy, mañana volveré a acabar la pelea de hoy.
Caliora levantó vuelo dispuesta a irse pero se detuvo.
-Mañana hay luna llena. Vendré pasado- Lo dijo como si estuviese hablando con ella misma.
-¿Qué pasa con la luna llena?- era una cosa que llevaba tiempo queriendo saber y ya que se le presentaba la oportunidad tenía que preguntar.
Caliora lo miró extrañada.
-Es cuando nos transformamos en Ozarus-dijo como si fuese lo más normal del mundo.
-¿Ozarus?
-Monos gigantes, nos volvemos diez veces más fuerte, es ventajoso cuando luchamos en otros planetas pero es un problema cuando estamos en la ciudad, sobretodo los que no saben cómo controlarse, por eso no salimos de casa.- y dicho eso se fue, dejando a Brun perplejo mientras trataba de asimilar la información.
Monos gigantes. Los sayanos se transforman en monos gigantes con la luna llena y se hacían mucho más fuertes. Las palabras del viejo resonaron más claras en su cabeza que cuando las había oído “No puedes superar a un sayano”.Tenía razón ¿En que momento creyó que sería capaz? Llevaba mucho tiempo entrenando y no parecía que estuviese más cerca de ser capaz de vencer al viejo que hace un año, ni siquiera era capaz de controlar la energía y empezaba a pensar que era algo que solo podían hacer los sayanos. ¡Aún podían ser más fuertes! ¿Es que no había un límite para su poder? ¿Qué podía hacer un simple humano como él?
Se tumbó en el suelo y miró el cielo nocturno.
Había pasado un año desde que estaba en aquel planeta. Un año. ¿Existía realmente la posibilidad de que pudiese volver a la Tierra? ¿O estaría condenado a ser un criado toda su vida, atrapado allí?
¡No! Volvió a incorporarse y se golpeó la cara.
No podía darse por vencido, si se rendía ante el pesimismo estaría acabado. Tenía que encontrar alguna forma de escapar de allí. Por lo que sabía en aquel planeta solo había una ciudad, lo cual significaba que el resto del planeta estaba deshabitado, quizás si huía podía esconderse en algún sitio. ¿Y después? Para escapar necesitaba una nave espacial y para conseguir una tendría que ir a la ciudad y ser lo suficientemente poderoso como para poder defenderse en el caso de que lo pillasen robando una. Pero ahora mismo eso estaba fuera de sus posibilidades, no era fuerte. Aunque quizás pudiese huir y volver cuando fuese lo suficientemente fuerte, pero ¿Y si el viejo lo encontraba? A pesar de ser ciego siempre sabía dónde estaba.
Ahora que lo pensaba, era raro ¿Cómo podía un ciego tener tanta percepción? No era la primera vez que veía al viejo saber donde se encontraba una persona con una exactitud asombrosa. ¿Acaso no era ciego? Si, lo era, lo había visto sin la venda y la cicatriz que le cruzaba la cara de un ojo a otro no dejaba duda, sin contar el desprecio que sufría del resto de sayanos por ello. Entonces, ¿Cómo podía hacerlo? Hasta ahora no le había prestado mucha atención a ese hecho pero quizás si lo supiese podría tener una oportunidad de escapar y que él no lo encontrase. ¿Cuál sería su secreto?
Brun se levantó y comenzó a andar hacia su lugar de entrenamiento, situado a varios metros de la casa, detrás de una de las rocas que parecían salpicar el paisaje de aquel planeta. Era tarde y estaba cansado pero aún podía aprovechar el tiempo para intentar entrenar algo quizás hoy sería capaz de controlar su energía. De todas maneras, no era la primera vez que dormía fuera, dentro de la casa la gravedad estaba siempre a la mitad que la del planeta para mayor comodidad del viejo pero Brun consideraba que para su entrenamiento era mejor dormir fuera y así mantenerse el mayor tiempo posible con la gravedad normal del planeta.

7
Al día siguiente, Brun continuó dándole vueltas al tema de la luna llena y el efecto que esta causaba a los sayanos. Al final había llegado a la conclusión de que el hecho de que todo el mundo estuviese encerrado en casa sin poder salir le permitía moverse por la ciudad con total libertad y lo que era más importante le brindaba la oportunidad de poder inspeccionar una nave espacial sin problemas, y con ello poder escapar.
Así que, al anochecer, cuando hubo acabado todas sus tareas, se dirigió a la ciudad y comenzó a explorar. En sus frecuentes visitas a Velure, para hacer los recados del viejo, había podido ver algo de la ciudad pero nunca se desviaba demasiado por si este le decía algo por tardar más de la cuenta, ahora por el contrario tenía tiempo de sobra. Se fijó en que las casas tenían tablas que sellaban las entradas y ventanas impidiendo que la luz de la luna entrase. Incluso las pocas tiendas, ubicadas en la plaza donde se vendían e intercambian todo lo que los sayanos traían de sus saqueos, estaban completamente tapiadas, lo cual le hizo pensar que también eran el hogar de los vendedores y no un simple establecimiento. Brun siguió merodeando por calles por las que no había pasado nunca y descubriendo zonas nuevas de la ciudad. Cuando ya se iba a dar por vencido llegó a una gran explanada rodeada de edificios y justo en medio de ella encontró más de una decena de naves. Las había encontrado.
Se acercó a una de las naves de forma circular y lo suficientemente grande como para que entrasen cómodamente 4 o 5 personas y la inspeccionó, intentando descubrir por donde se entraba. Si conseguía entender cómo funcionaba la nave quizás podría escapar la próxima luna llena. Solo tenía que averiguar cómo se pilotaba y como poner rumbo a la Tierra, lo cual posiblemente le llevase tiempo pero estaba un paso más cerca de regresar a casa.
-Bonita noche ¿Verdad?
Brun se sobresaltó y se dio la vuelta rápidamente intentando identificar de dónde provenía la voz.
Sentado en cima de una de las naves se encontraba un hombre joven que contemplaba el cielo relajadamente. El extraño lo miró sonriendo, se incorporó y saltó del techo de la nave, aterrizando enfrente de Brun.
-Si estás intentando entrar olvídalo. Cada nave tiene un reconocimiento de voz configurado para que solo el líder de cada grupo pueda abrirla.
-N-no, yo no...
-Eh, ¡A mi tanto me da!- le cortó el- Pero la próxima vez intenta no ir con el equipaje encima, te delatas demasiado- dijo mirando la bolsa que cargaba Brun a su espalda.
-No es equipaje.
-¿No? ¿Y qué llevas ahí?
-Piedras, las utilizo para entrenar.
-¿Entrenar?-pregunto extrañado.
-Si, ¿No entrenas?
-El único entrenamiento de un sayano es la lucha.-dijo con una sonrisa de suficiencia.
Brun lo miró desconcertado.
-Había supuesto que con lo que os gusta pelear entrenaríais mucho.
-Entrenar es de débiles, cuando naces tan predispuesto como nosotros para la lucha lo único que necesitas es una buena pelea para mejorar.- lo dijo como si fuese algo que todo el mundo debiera saber.- ¿Cómo te llamas?
-Brun- en cuanto lo dijo se dio cuenta de que era la primera vez que le preguntaban cómo se llamaba desde que había llegado a Vegeta.
-Yo Geplan- le sonrió.
-Por cierto ¿Qué haces aquí? - aclaro la pregunta por si había sonado muy directa- Pensé que con la luna llena os transformabais
-No tengo cola, así que no puedo transformarme.-le respondió con toda naturalidad- La perdí hace unos años en un combate, pensé que volvería a crecer pero parece que me equivoque. Es una pena, sin ella es como si hubiese perdido parte de mi poder.-Se quedó callado mirando al infinito.
Se notaba el tema de la cola le molestaba. De todas maneras Brun apunto mentalmente el dato de la cola, quizás pudiese ser de ayuda en algún momento.
-Bueno, aun así para mi eres muy fuerte.
-Pero si no sabes, como soy de fuerte.- le respondió extrañado.
-No lo necesito. Todos en este planeta sois más fuertes que yo por eso necesito entrenarme constantemente. Ni siquiera se controlar mi energía.
-¿¡No sabes!?-exclamó-Vaya-Se frotó la cabeza sonriendo vergonzosamente ante el sobresalto de Brun- es que es algo que cualquier sayano sabe de forma instintiva.
-Pues para mi es muy difícil, empiezo a creer que es imposible.-dijo agachando la cabeza.
-Esta bien, lo he decidido- Brun levantó la cabeza y lo miró extrañado-¡Vamos!- y comenzó a correr.
Brun se quedó quieto sin saber qué hacer.
-¿A que estarás? ¡Sígueme!-gritó Geplan desde la lejanía- Brun corrió en su dirección intentando alcanzarlo.
Llegaron a una explanada situada a las afueras de la ciudad que se situaba en el lado opuesto a donde se encontraba la casa del viejo.
-Vale, este es un buen sitio-dijo Geplan.
-¿Para qué? ¿Qué hacemos aquí?-Brun ya estaba sudando, intentar alcanzar a Geplan le había sido imposible a pesar de haber corrido a toda velocidad, por suerte la nube de polvo que levantaba al correr le sirvió de guía para encontrarlo.
-Voy a enseñarte a controlar la energía- dijo sonriendo
Brun se quedó mudo de la sorpresa. No se lo podía creer.
-¿De verdad? P-Pero ¿Por qué?
Geplan se encogió de hombros
-Nunca he enseñado nada a nadie y es una forma de ocupar el tiempo como otra cualquiera-dijo con toda normalidad.
-Bueno, yo... No se que decir.
-No hace falta que digas nada. Empecemos. Bien, controlar la energía es en realidad fácil, simplemente tienes que liberarla, de la misma forma que haces cuando das un puñetazo, por ejemplo.
Extendió la mano y un haz de luz salió de ella impactando contra el suelo.
Brun lo imito concentrándose y no paso nada.
-Vale, está bien, veamos…- se quedó pensativo un momento-empieza concentrando tu energía entre tus manos.
Durante toda la noche Brun, bajo la tutela de Geplan, estuvo entrenando su control energético sin mucho resultado hasta que casi al borde del amanecer una tímida luz apareció entre sus manos.
-¡¡Lo conseguí!!- gritó extendiendo sus brazos en señal de triunfo.
-Si, bien hecho aunque no te entusiasmes eso no es más que un comienzo. No le harías daño a nadie con eso. Pero por hoy lo dejaremos, esta apunto de amanecer e imagino tendrás cosas que hacer.
-Si, tengo que volver antes de que el viejo se levante y ocuparme de mis tareas.- lo miro seriamente durante un segundo antes de agachar la cabeza en señal de agradecimiento-Gracias.
-Nah, no hay de que, ha sido entretenido-agitó su mano quitándole importancia- y he conseguido que en una noche consigas controlar tu energía, soy un gran maestro- y se rió a carcajada limpia.
Cuando emprendió el camino devuelta, quedando con Geplan allí la próxima luna llena, Brun se dio cuenta de lo cansado que estaba realmente, el no haber dormido nada y el entrenamiento, lo habían dejado hecho polvo. Por eso cuando aquella noche, Caliora se presentó delante de la casa de Nonion para otra pelea, Brun se encontraba tirado en el suelo apunto de quedarse dormido.
El día había sido duro, las tareas diarias eran por lo general llevaderas pero sin una noche de descanso habían resultado cada vez más difíciles y cuando había acabado de limpiado los platos de la cena y al fin podía dar por terminadas todas sus tareas de aquel día se fue directo a acostar sin plantearse siquiera entrenar y mucho menos acordarse la “cita” que tenía aquella noche.
-Chaval, tienes visita.-dijo Nonion desde su cama.
-¿Mmm?-respondió medio dormido.
-¡Sal de una vez!- al otro lado de la puerta Caliora gritaba impaciente.
Brun salió de casa luchando por mantener los ojos abiertos.
-¿Podemos dejarlo para mañana? Hoy estoy muy cansado.- Sabía antes de acabar la frase que la respuesta iba a ser negativa pero realmente no le apetecía nada pelear aquel día y sabía que si lo hacía iba a perder de forma rápida.
-Tú no decides cuando luchamos, gusano. Así que prepárate.
Por un momento pensó en insistir un poco más pero no le iba a servir de nada y al final acabarían peleando igual, así que levantó la cabeza suspirando ante lo que se le venía encima cuando vio una luz moviéndose en el cielo.
-¿Qué es eso?-señaló la luz que parecía que cada vez se hacía más grande.
-¿De verdad piensas que voy a caer en eso?-le respondió Caliora indignada.
-No en serio ¿Que es?
-Un ataque-dijo el viejo saliendo de la casa.

8
La luz se iba haciendo cada vez más grande y empezaba a distinguirse la nave que la generaba.
Caliora por fin decidió mirar al cielo y una sonrisa se dibujó en su rostro.
-Bien, se van a arrepentir de atacar a los sayanos-dijo. Los ojos le brillaban ávidos de batalla. Olvidándose de la pelea, que un momento antes tanto reclamaba, salió volando en dirección al pueblo. La oportunidad de demostrar su fuerza ante todos se había presentado y no pensaba desaprovecharla.
-Tú, vuelve a casa, solo serías una molestia-dijo el viejo.
-¿Y tu?
-Soy un sayano, por muy ciego que este si va a haber una batalla aquí, no puedo ignorar mi instinto- A Brun le pareció que de repente había rejuvenecido 10 año. Desde luego la necesidad de pelea de los sayanos era del todo incomprensible para él.
Brun se quedó de pie enfrente de la entrada pensando sus opciones, mientras veía al viejo dirigirse a la ciudad.
Se le acababa de presentar una buena oportunidad para escapar entre la confusión de la batalla, quizás huyendo en alguna nave de los invasores siempre que estos no lo matasen, lo cual era una probabilidad a tener en cuenta, por lo tanto de momento esa opción quedaba descartada, ya que no sabia si los invasores serían mejores que los sayanos y tampoco era seguro que fuesen a ganar ante los sayanos.
Entró en casa y se sentó en su cama esperando lo que fuese a pasar.
-Despierta muchacho.
Se incorporó de repente dispuesto a hacer frente a quien tuviera delante, pero al único que vio fue al viejo.
-Levántate, te vienes conmigo.
Se levantó, sin saber en qué momento se había quedado dormido, y siguió al viejo fuera de la casa mientras se desperezaba. Estaba amaneciendo.
-¿Que paso con la invasión?
-Fue aplastada-respondió secamente.
-¿A dónde vamos?
-Cállate y sígueme.- el tono no admitía más comentarios y a Brun le pareció que el viejo estaba más malhumorado de lo normal.
Rodearon toda la ciudad hasta llegar a la explanada donde la noche anterior había estado entrenando con Geplan, pero la vista había cambiado. A unos metros los restos de una gran nave ardían después de colisionar contra el suelo dejando un gran cráter a su alrededor, y varios cuerpos con trajes espaciales y armas yacían tendidos por las cercanías. Definitivamente allí había sido donde se produjo la batalla, los sayanos no habían esperado ni a que la nave aterrizara para empezar a defenderse.Se dio cuenta de que no habia ni un solo cuerpo de sayano.
Algo alejados de todo eso, se reunían los guerreros sayanos.
-Ya has vuelto Nonion, me alegro- Brun reconoció al propietario de aquella frase como el hombre al que el viejo había dejado inconsciente en el mercado.
El viejo gruñó, como única respuesta.
La muchedumbre les fue dejando pasar hasta que llegaron al centro donde unos seres de piel amarilla se encontraban apretujados unos contra otros.Los invasores, o los que quedaban.
Brun seguia sin entender nada, tenia entendido que los sayanos no hacían prisioneros, entonces ¿Qué hacían aquellos alli? y sobretodo ¿Por qué estaba él allí? Quizás iban a torturarlos y el viejo quería que lo viese como advertencia por si algún día pensaba huir, sería algo propio de él pero si era así, ¿Por qué parecía que el viejo hacia todo aquello a regañadientes? Algo no cuadraba.
-Bien ya podemos empezar- volvió a decir el hombre aquel.-Eh, vosotros- dijo señalando al grupo de invasores que había en el centro del círculo que formaban los sayanos-Si conseguís vencer al criado de Nonion podreis regresar a vuestro planeta vivos.-Esto último lo dijo señalando a Brun y con una última sonrisa cargada de malicia.
Para Brun fue como si le tiraran un cubo de agua fría a la cara, tenía que pelear contra aquellos tipos y solo por diversión. Volvió a mirar al viejo y lo notó tenso aquello no había sido idea suya y a juzgar por la sonrisa del otro seguro que se le había ocurrido a él para vengarse del viejo, perdiendo a su criado. Encontró a Caliora entre la multitud que lo taladraba con la mirada cargada de furia, parecía que a ella tampoco le gustaba aquello si él moría ella se quedaba sin poder vencerlo. Geplan también estaba y a diferencia de los dos anteriores si que tenia algo de preocupación en la cara.
-¡Que empiece la pelea!
De un empujón anónimo, Brun se vio dentro de aquel improvisado ring mientras que los atronadores gritos de los espectadores clamaban por violencia.
-Yo no quiero haceros daño ¿vale?- les dijo a los cautivos- yo tambien soy un rehén aquí.- tratando de razonar con ellos.
-Pero no eres de los nuestros.-Dijo uno de ellos- Lo siento.- y acto seguido los 7 invasores se lanzaron en su dirección.


Unidades de Poder
Brun: Capítulo1->3 Capítulo2->27 Capítulo3->39 Capítulo5->123
Nonion: Capítulo1-> 2.100 Capítulo2-> 2.100 Capítulo3-> 2.100 Capítulo5-> 2.100
Caliora Capítulo3->40 Capítulo5->125
Parso Capítulo3->200
Geplan Capítulo7->1.073
Última edición por werty el 13 Abr 2017, 19:52, editado 13 veces en total.

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Re: Fanfic DB:Inverso

Mensaje por Mayarito » 18 Mar 2016, 02:49

Muy buena redacción. En qué año se ubicaría esta historia?

Es exactamente el tipo de redacción capítulo a capítulo que necesito para hacer un manga.
Imagen
Gracias Ivalando!

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Re: Fanfic DB:Inverso

Mensaje por werty » 18 Mar 2016, 13:33

Gracias. Pues el año exacto aun no lo tengo fijado pero seria antes de que los Sayanos conociesen a Freezer al rededor del 720 más o menos.

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Re: Fanfic DB:Inverso

Mensaje por werty » 27 Mar 2016, 19:08

Capítulos 3 y 4.

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Re: Fanfic DB:Inverso

Mensaje por werty » 01 Abr 2016, 14:14

Capítulo 5

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Re: Fanfic DB:Inverso

Mensaje por werty » 09 Abr 2016, 22:42

Capítulo 6

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Re: Fanfic DB:Inverso

Mensaje por werty » 25 Abr 2016, 21:29

Capítulo 7

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Re: Fanfic DB:Inverso

Mensaje por werty » 13 Abr 2017, 19:53

Capítulo 8

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